Si la fiesta cae domingo se dice "Credo".
El día de la Transfiguración apareció el Espíritu Santo en una nube luminosa y se oyó la voz del Padre celestial que decía: Este es mi Hijo unigénito, en quien he puesto todo mi amor. Escúchenlo.
Se dice "Gloria".
Oremos:
Su vestido era blanco como la nieve.
Lectura del libro del Daniel
Miré y vi que alguien colocó unos tronos y un anciano se sentó. Sus vestiduras eran blancas como la nieve y sus cabellos como la lana pura; su trono eran llamas; sus ruedas, un fuego ardiente; brotaba un río de fuego que salía delante de él; miles de miles lo servían y miles de millones estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y se abrieron los libros.
Sal 96, 1-2.5-6.9
Reina el Señor, alégrese la tierra.
El Señor es rey: que se alegre la tierra y salten de gozo los innumerables pueblos lejanos. Está rodeado de nubes y brumas, la justicia y el derecho son la base de su trono.
Las montañas se derriten como cera en presencia del Señor, en presencia del dueño de toda la tierra. Los cielos pregonan su fuerza salvadora, y todos los pueblos ven su grandeza.
Porque tú, Señor, eres el Altísimo sobre toda la tierra, mucho más excelso que todos los dioses.
Nosotros escuchamos esta voz venida del cielo
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro
Hermanos: Cuando les dimos a conocer la venida con poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos inspirados por fantásticas leyendas, sino porque fuimos testigos oculares de su grandeza. El recibió, en efecto, honor y gloria de Dios Padre cuando vino sobre él aquella voz que procedía del Dios sublime: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco". Y esta es la voz, venida del cielo, que nosotros escuchamos cuando estábamos con él en la montaña santa.
Aleluya, aleluya.
Este es mi Hijo amado
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo únicamente a Pedro, a Santiago y a Juan, los llevó a solas a una montaña muy alta y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos. Se les aparecieron también Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.
Celebrante:
Para que Dios conceda a las Iglesias del Oriente que hoy celebran con gran solemnidad la Transfiguración de Jesucristo, encontrar su gozo en el hecho de que la luz de la gloria del Señor resplandezca sobre ellas,
roguemos al Señor
Para que quienes empiezan a sentirse atraídos por Jesús y su Evangelio, encuentren quién los ayude a transformar la simple admiración en una fe plena en Jesucristo, roguemos al Señor.
Para que Dios fortalezca a los enfermos, con la esperanza de que su frágil condición será transformada según el modelo de la condición gloriosa de Jesucristo, roguemos al Señor.
Para que el Dios de la gloria, que nos llama a vivir en su presencia, nos conceda el espíritu de contemplación y oración, de manera que gustemos ya desde ahora el gozo que nos prepara en el cielo, roguemos al Señor.
Celebrante:
Santifica, Señor, los dones que te presentamos y, por la Transfiguración de tu Hijo, haz que esta Eucaristía nos purifique de todos nuestros pecados.
El misterio de la Transfiguración
En verdad es justo y necesario es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Cuando Cristo se manifieste seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.Antífona de Entrada
Oración Colecta
Dios nuestro, que en la Transfiguración gloriosa de tu Unigénito fortaleciste nuestra fe con el testimonio de Moisés y Elías, y nos dejaste entrever la gloria que nos espera como hijos tuyos: concédenos seguir el
Evangelio de Cristo para compartir con él la herencia de tu Reino.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.Primera Lectura
7, 9-10.13-14
Seguía yo contemplando estas visiones nocturnas y vi venir sobre las nubes del cielo alguien semejante a un hijo de hombre; se dirigió hacía el anciano y fue conducido ante su presencia. Se le dio poder, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino jamás será destruido.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Reina el Señor, alégrese la tierra.
Reina el Señor, alégrese la tierra.
Reina el Señor, alégrese la tierra.Segunda lectura
1, 16-19
Tenemos también la palabra de los profetas, que es muy firme, y hacen bien en dejarse iluminar por ella, pues es como una lámpara que alumbra en la oscuridad, hasta que despunte el día y el lucero matutino brille en sus corazones.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Aclamación antes del Evangelio
Este es mi Hijo muy amado, dice el Señor, en quien tengo puestas todas mis complacencias; escúchenlo.
Aleluya.Evangelio
9, 2-10
Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
"Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Estaban tan asustados que no sabía lo que decía.
Vino entonces una nube que los cubrió y se oyó una voz desde la nube:
"Este es mi Hijo amado; escúchenlo".
De pronto, cuando miraron a su alrededor, vieron sólo a Jesús con ellos. Al bajar de la montaña, les encargó severamente que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.Oración de los Fieles
Invoquemos, hermanos y hermanas, a Dios, nuestro Padre, que al revelarnos la gloria de su Hijo amado, nos muestra la esperanza a la que estamos llamados:
(Respondemos a cada petición:
Escúchanos, Señor).
Escúchanos, Señor.
Escúchanos, Señor.
Escúchanos, Señor.
Escúchanos, Señor.
Escucha nuestra oración, Dios todopoderoso y eterno, e ilumínanos con tu gracia para que vivamos siempre a la espera de la manifestación de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.Oración sobre las Ofrendas
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Prefacio
Porque Cristo, nuestro Señor, reveló su gloria ante los testigos que él escogió; y revistió con máximo esplendor su cuerpo, en todo semejante al nuestro, para quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz y anunciar que toda la Iglesia, su cuerpo, habría de participar de la gloria que tan admirable
resplandecía en Cristo, su cabeza.
Por eso,
con los ángeles que te cantan en el cielo, nosotros te alabamos en la tierra diciendo sin cesar:
[Misa]Antífona de la Comunión